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domingo, 11 de marzo de 2012

el derecho a la maternidad

Azacarías anda confuso pero también se mueve en determinadas certezas. La naturaleza determina que en la manada de homínidos el macho dominante acceda a las hembras para la procreación sin mayores discusiones, si algún otro macho discute se le enseñan los dientes, se golpea el pecho fuertemente con sus dos puños, y solamente en casos extremos se hiere al intruso y se le da algún mal golpe el osado muere.

El derecho a la maternidad surge como todo derecho de una creación humana en sociedad. Su origen es la dignidad, ya que nadie puede ser utilizado por otro en beneficio propio, según Kant. Ya no manda el macho dominante, la hembra puede elegir mantener relaciones con él o no.

La hembra pasa a ser mujer y ni el macho dominante, ni el padre, ni el hermano, ni el marido, ni el amigo, ni el imán, ni el cura, ni el juez, tienen derecho alguno a decidir su sexualidad y su  maternidad.

Como todo derecho debe ponderarse con el resto de derechos del resto de sujetos, e incluso de bienes jurídicos protegidos.

No es tan difícil, ni de entender ni de aceptar, pero hay muchos que ni lo entienden ni lo toleran, centenares, miles, millones. Hay gente "pa tó".

El reconocimiento de derechos no es algo lineal y progresivo en el tiempo. Existen ataques furibundos, retrocesos y regresiones que duran décadas o más. Esto duele y hace daño, en muchas ocasiones a minorías, y en otras ocasiones a grandes mayorías, por la imposición de pequeñas oligarquías.

Los derechos necesitan reivindicación y lucha, aunque muchas veces estas situaciones conducen a la melancolía.


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